sábado, 24 de diciembre de 2011

24 DE DICIEMBRE



LA FECHA CORRESPONDE AL DIA EN QUE FUERON TWITEADOS LOS POEMAS


POEMA LVII

No te nombro; pero estás en mí como la música en la garganta del ruiseñor
aunque no esté cantando.
Dulce María Loynaz



EL MAR

Antes que el sueño (o el terror) tejiera
mitologías y cosmogonías,
antes que el tiempo se acuñara en días,
el mar, el siempre mar, ya estaba y era.

¿Quién es el mar? ¿Quién es aquel violento
y antiguo ser que roe los pilares
de la tierra y es uno y muchos mares
y abismo y resplandor y azar y viento?

Quien lo mira lo ve por vez primera,
siempre. Con el asombro que las cosas
elementales dejan, las hermosas

tardes, la luna, el fuego de una hoguera.
¿Quién es el mar, quién soy? Lo sabré el día
ulterior que sucede a la agonía.
Jorge Luis Borges



HEREDAD EL JÚBILO

1

Desde mi soledad
Sólo veía
Tu contorno de nube viajadora.
La tornadiza imagen de tu vuelo
Pasaba por la hondura de mi valle
Sembrándolo de oscuras mariposas.

¡Un aroma, tu voz, entre la brisa!

¡Estabas tan distante
De la raíz hundida de mis sueños!

Entre nocturnos árboles del tiempo,
Los símbolos de antiguas primaveras.

La florida memoria de tu cuerpo,
Me poblaba de estatuas pensativas.

¡Te sentía tan lejos!

En la penumbra huidiza
Del seco atardecer y la nostalgia,
Tus cabellos izaban la bandera
Del país fronterizo de la noche.

2

Detrás del horizonte de tus lágrimas
—Más allá de tu propia lejanía—
Adivinaba apenas
La invisible verdad de tu presencia.

Sostenías en alto
Contra el azul del cielo
—anocheciente—
El palomar en vuelo de tus manos,
Colmadas
Con la ofrenda luminosa
De los primeros astros de la tarde.

3

Estábamos muy cerca, sin embargo.
Súbitamente
Te sentí muy honda.

Parecías venir
Desde mí mismo,
Desde la eternidad de mi tristeza,
Desde el ardiente bosque
De mi sangre,
Alumbrando el camino del retorno
Con el desnudo fuego de tu llanto.

En el agua sin brillo del remanso
Del corazón —cautivo en su destierro—
Resplandeció el secreto de tus lágrimas

Los límites del alma nos ataron
Con entrañables lazos de ternura,
Como los hilos de la savia
El alto aroma y la raíz profunda.
José Antonio Escalona



SIEMPRE ES AL SUR

Siempre ha sido al sur para ti.
Y porque siempre ha sido el sur
lo has amado:
tú le entregaste flores cada repetida primavera
para que adornara las latas de su casa,
le escribiste tus mejores cartas y poemas
donde nada le decías
o apenas le decías que el amor en el sur
es una cueva y un tiznado cisne
y el rincón donde vigila una luna
de palo
y alambre.

Al sur puedes golpearlo también.
Perderlo, si quieres, en un taxi perdido a medianoche.
Encenderlo con las luces y pétalos
de las últimas calles
y apagarlo después.
Dormirlo.
Trizarlo de piedras y de voces.
Ocultarlo como a una joroba
o a una enfermedad.

Pero nunca olvides
que todos los trenes que corren
atropellando la noche con sus silbidos
o los ríos que merodean buscándote
vienen desde el sur.
Y son del sur las botas decepcionadas de tus leguas,
tus palabras que tuercen a la hora justa
las conversaciones, los olores más secretos,
el anillo que llevas como una prueba de miedo
o fidelidad, los hilos vivos con los que coses
tu ropa.

Tu puerta abre al sur.
Tu cama duerme para el sur.
Los labios que vuelan fríos y partidos
te besan desde el sur.

Y más adelante
si en un jirón de carne o en un hotel al fin
o en una lengua postrera
descubres que en el sur no existe
secreto alguno,
no te entristezcas:
sólo abre la ventana y escribe en la noche estrellada
que el sur fue tu empeño
y tu orgullo
y tu amor
y que estar en el sur fue suficiente.
Carlos López Degregori

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