lunes, 2 de junio de 2014

MIGUEL ARTECHE SALINAS


 

Canción a una muchacha ajedrecista muerta

  

Llueve sobre el verano del tablero.
En blanco y negro llueve sobre ti.
Nadie controla tu reloj: te espero
Para jugar allí.

¿Tú mueves o yo muevo? Quién lo sabe.
Quién sabe si allá juega o juega aquí.
De pronto tu tablero es una nave
Que te lleva y nos lleva hacia un jardín.

Hacia un jardín remoto de caballos
Que inmóviles nos miran, y a un alfil
Que negro lanza rayos, rayos, rayos,
Y hace mil años que está de perfil.

Hacia un jardín remoto de tres torres
Donde una dama blanca va hacia ti,
Te llama a ti, y tú hacia ella corres
Y no hay en ella fin.

Donde un peón ha roto ya los sellos
Y te ciñe las sienes de marfil,
Y un rey recoge ahora tus cabellos
Para cubrir con ellos su país.

Hacia un jardín remoto al mediodía,
Donde el agua se tiende en su dormir,
Y ya no hay sed y nunca hay todavía
Y hay un árbol de sol en el jardín.

Sólo que tú no estás. Y está la luna
Cayendo interminable en el jardín
Sobre las soledades de una cuna.
Y hay olor de silencio y de partir.

 

 

 

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