domingo, 17 de enero de 2016

VIOLETA OROZCO



  
Simulación de un paisaje nevado



Como si la niebla no fuera este correr de viento sobre el lago
esta dulce perturbación en el cuerpo,
como si el silencio no ensordeciera.
Nada tenía ya tiempo,
como si el nombre de las cosas se hubiera diluido
a fuerza de tanto olvidarlo.
Como si sólo hubiera una ruta de peregrinaje,
como si la calma y la violencia
fueran dos bellezas hermanas.
Como si hubiera una sola pregunta,
una sola piedra lanzada al aire
hasta tomar la forma de un pájaro.
Como si la soledad fuera una palabra,
la vida una costa lejana
sobre la que caminan paraísos encintos de luz
el primer y último día de su vida,
el mar hinchándose para romper
su propia imagen devastada.
Como si la distancia hubiera sido grito,
las laderas, infinito
resbalando por la eternidad:
un lago sin boca ni fondo.
Como si el silencio fuera
una propiedad furtiva del espacio,
como si todos los que lo vieron
siguieran mirándolo
desde las horas y las eras.
Como si la niebla fuera apenas un correr de viento sobre el lago.
Como si hubiera un hoyo en la palabra eternidad y pudieras mirar a través de él.
Como si la lluvia fuera una promesa de tiempos venideros, el preludio de una esperanza.
Como si la noche fuera un zócalo de sombras tejidas en forma de carrusel.
Como si el tiempo fuera una pócima lista para vaciarse
en cualquier alquiler de eternidad.
Como si la sed fuera purga de nostalgias que lava el tiempo,
como si hubiera una razón para la sed.
Como si el viento fuera parte de una sinfonía irreconocible
que las manos de un niño hubieran desbaratado.
Como si la luz abriera puertas,
como si el polvo abriera danza.
Como si toda simulación no fuera sino el principio de una derrota no confesada.
Como si cada hoja fuera un árbol, cada silencio una caída, cada melodía un símbolo, cada sonido un fragmento de variaciones sobre una lluvia impertinente.
Como si la lluvia fuera una ventana que azotara en el silencio,
abriste la ventana y dejaste caer una pluma,
una nota blanca en medio de la noche.
Porque tal vez la música es como la oscuridad
que hace más real lo que sucede entre sus sombras.


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