lunes, 9 de noviembre de 2020

MIHAÏ BENIUC

 

 


La huida




Ten cuidado, no pierdas un instante, 
el más terrible perseguidor 
de ti eres tú mismo. 
Huye, huye, huye de ti, huye con todas tus fuerzas 
porque nada puede haber más terrible 
que sentir que nos agarramos nosotros mismos, furiosos, 
por los hombros, por la cintura. 
¡Detente! ¿A dónde vas? Porque tú has robado 
y derrochado sobre todos los caminos 
todas las monedas del amor, del orgullo. 
¡Responde! ¡No huyas! Aturdido 
te miras en tus propios ojos como en un espejo. 
Quisieras mentir, pero ninguna mentira 
es posible ante tu propio yo 
cuando en verdad yo ignoro si hay alguna ventaja para ella en tales circunstancias 
y para el que la dice, para aquel que la escucha, 
aunque fuese mejor comprendida que en otro momento. 
¿O conoces quizás otra salida? Párate, de pronto, 
porque tu yo te adelanta 
a fuerza de correr a tus talones, 
y vuélvete de prisa y da marcha atrás.

1966

Versión de Rafael Alberti y María Teresa León



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