De
cuando las palabras aun no eran palabras.
De
cuando el aire a través de unas cuerdas vocales
aún
no te nombraba. Había una vez y aún no lo sabías.
El
ritmo de un tambor expandido se tensaba
en
tu futura interioridad. Pero eso fue antes,
mucho
antes. Ningún vestigio queda.
Nadie
en Babel hablaba así,
nadie
de entre los agolpados en el Pentecostés
escuchó
de esa lengua toda hecha de inicio.
Y
allí estabas como la criatura que eras,
aguardando.
Ya llegaría el tiempo,
ya
saldrías un día a recoger palabras,
algunas
como lirios del campo,
otras
como animales dibujados
de
especies aún no conocidas.
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