autobiografía
Nací
en los suburbios de Córdoba,
a la
noche, en un hospital de locos,
cabeza
abajo y pataleando al cielo.
El
aire del murciélago ya era
para
mí una fábrica de espanto.
Me
llamo Silvio, y naturalmente
no
elegí la ciudad ni el adjetivo
paradójico.
Un día me atraparon
con
unos libros y llegué sin pausas
a la
universidad. Algunas chicas,
como
suele ocurrir, no me miraron...
Después
encontré una y me casé.
Casi
tengo tres hijas, cuando aplico
mi
invierno a estos versitos, sus demandas
me
tiran boca arriba y me retuerzo
de
muda risa. ¿Me habré muerto afuera
de
tanto ver el cielo que se torna
cada
vez más hermoso?
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