Labor
del ojo
El
ojo agradece la luz
si es templada,
viste las nítidas flores
de un jardín de páramo
o persevera en los largos ocasos
del norte,
afronta
o quizás celebra
la luz cruda del mediodía
en una playa caribeña,
reclama al sol del desierto
su despotismo.
En
la noche busca una estrella
y con ese hilo de luz mide su distancia de la tierra;
voltea el instrumento,
con la sonda se hunde
en el espacio interior
buscando el orbe luminoso
al fondo de la negrura.
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