domingo, 15 de marzo de 2026

ROWENA HILL

  

 


 

Elegía para Draco

 

 

Un círculo protegía mi casa,
tres perros y la gata Tea,
mi corazón y seguridad.
Draco se fue y se ha roto,
las largas extremidades de la pena
lo han penetrado.
Las primeras palabras en mi cabeza al despertar:
dónde está Draco / Draco no está,
simultáneas.
La luz del día es una membrana, un piso,
por momentos como un periscopio u ojos de cangrejo
mi mente lo atraviesa para escudriñar
el vacío arriba —
Draco no está allí,
Draco está en un hueco en la tierra bajo un cedro,
su amigo Orión se sentó en la tumba y lo lloró,
no llega un perrito gris a la hora de la cena,
estos son los hechos.
Pero retiro la vista.
Aquí en este lugar sumergido
el tiempo es una cascada perpetua retumbante,
no existe pasado ni presente ni futuro dolido.
Si quiero lo alcanzo en su nueva morada.
Nos acompañan otras sombras:
mi hermana lectora del espacio,
amigos apenas recordados pero presentes ahora
en su edad sonriente.
El amanecer subterráneo es crepúsculo,
los ángeles están compuestos de tierra
con alas de escarabajo.
Mi perrito yace entre ellos
respirando sereno.
No tiene aliento,
su corazón se paró, no
va a levantarse.



De: “Aljibe propio”
 

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