Romance
del hijo futuro
Hijo
mío, hijo futuro,
tengo dos novias más una.
De las tres novias que tengo,
¿cuál va a ser la madre tuya?
¿La de ojos largos y oblicuos,
la de boquita de azúcar,
o la que tiene los senos
rosaditos como tunas?
Las tres son dulces, muy dulces,
pero una de ellas me dice:
“Yo no quiero tener hijos;
vida de madre es muy triste”,
y casi en las mismas frases
la segunda me repite:
“Renuncio preñez y todo
porque vivamos felices”.
Y la tercera, embriagada
como de un santo lirismo,
me dice: “Quiero ser madre
para alumbrar mi destino;
quiero sentir en mis senos
la boca suave de un niño;
quiero, con todas mis ansias,
fecundarme en tus suspiros,
para besar tu retrato
en la desnudez de un hijo”.
Hijo mío, que aún no vienes
en el barco del misterio;
hijo que duermes ignoto
en la sangre de mis versos,
tengo dos novias más una
que es la novia que más quiero.
¿Cuál va a ser la madre tuya
de las tres novias que tengo?
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