viernes, 13 de febrero de 2026

MARÍA EDUARDA CASTRO

 

  

Ese insecto

  

Ese insecto vuela como una máquina un poco rota
a la izquierda y más a la izquierda
no sigue adelante
recuerda los pies del soldado que, en la nieve,
tenía una bota con tacón y otra sin
no os dejéis impresionar, están soldando a los generales
de regreso a sus pedestales.
en los domingos tranquilos
pasajes olvidados,
el cuerpo desde el centro hasta los extremos,
tenso como
una tabla,
ojos entrecerrados, arco histérico,
recuerda esto
de esa máquina medio rota
regresando,
y esos hábitos
de irregulares sueños.
la mesera huele desde lejos
al hospital francés
del siglo XX.
ese insecto descolorido,
el blanco y el rojo del gallo portugués
predijeron buen tiempo
¿ese grupo podrá
cruzar la calle?
las sillas con un pie en el agua
otro en la tierra, hacen ruido
ella limpiaba la casa, pero sus manos no podían
alcanzar las cosas.
la cuerda no quedaba suspendida,
el refrigerador se movía,
el fuego no prendía,
hizo un ruido eléctrico
brazos largos, piernas cortas –
cuando caía se reía
como una tonta,
los hermanos se reían,
apostadores de caballos
aquel insecto casi tenia nombre,
se movía sobre un fondo negro,
algo arañando,
angustia de la superficie,
¿quién se bajará de esa acera
bajo la marquesina??
el espejo, desde dentro
un pez arrugado nos mira
las aguas no tienen forma, sombras
gigantescas de un ala
– aquí hay una flecha, ella apunta –
hablaban –
no tiene, no tiene forma,
irían al fondo
con la sal caliente,
con las piedras deslizándose,
pero podrían soldarse
en una gorra
de militar a caballo

 

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