El
árbol
Tú,
sentada frente a mí,
fosforesces átomos de estrellas.
―¿De dónde soy?― te pregunto,
miro tus trenzas acordonadas con retazos de tela.
―¿De
dónde has de ser?
Del sueño, de una maleta,
del deseo por recorrer las costas,
de la urgencia por huir de la guerra.
―El
nombre, abuela,
dime el nombre de esa tierra.
―Poco
importa de dónde viene tu lengua,
mucho lo que dices con ella.
―¿De
dónde eres?, me preguntan,
como quien quiere averiguar
cuánto deben dar por mí
o si valgo la pena.
¿Con qué color encatrino mi libertad?,
¿Qué pájaro canta en mi bandera?
― No
es pared el árbol,
la montaña o el cráter,
los muros se encuentran en las ideas.
Sé de las nubes, hija,
como hacen las aves que surcan el planeta,
sé de los cielos, de las montañas,
sé de la lava
que desconoce las fronteras.
―¿Qué
respondo, abuela?
¿Qué pasaporte, qué visa,
dónde pongo mis pies
y digo ésta es mi tierra?
―
Coge mis cenizas, hija,
esa es tu tierra.
De: “Mis
muertos”
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