Festín
Invocamos
la palabra.
Aquella
que nos libra
de comprar lo disminuido
de meditar en el tajo
y en el eco quebrado.
Respiración
de un leopardo frente al mar.
¿Qué
silencio lúgubre?
¿Alguna
luz?
¿Alguien tiene alguna luz?
No
se oyen las plegarias ni las olas.
La
brisa del litoral
el Cordero de Blake
y nuestros ancestros
nos ponen a prueba.
En
el océano los ojos nunca se cierran
y la
voz se vuelve mínima.
Recordar esto al navegar.
De:
“Mares y halagos. Variaciones poéticas”
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