Azul
muy oscuro
La
mudez nos encorva debajo de
los mares.
Correr
no es el asunto
ni librarnos de las medusas
ni mirar de reojo las lágrimas
que la sal absorbe rápido.
Respira
hondo.
Hueles
a corazón de
mariposa fatigada
al aroma de limón frotado en
nuestra piel.
Hay
un río que agita tus secretos.
Tus
ondas zozobran
hasta el borde del vértigo
y me hacen pedazos la carne.
¿Qué
extrañas de tu vida
dentro de la mía?
¿Acaso el paisaje seco de tu infancia?
¿Por
qué el agua nunca se enamora?
¿Tú lo sabes?
El
río entra en el mar. Siempre lo ha hecho.
Bajemos el volumen a esos
Lieder ohne worte, op 19,
de Mendelssohn.
No
debimos acercarnos
a este poema vivo y mordido
por la única raíz que hay en tu rostro.
Vámonos
lejos. ¿Te atreves?
antes de que los cangrejos
salgan de esa muerte tornasol
que arrastra las horas.
Quizás
esto que sentimos sea
un pedazo de pan
incapaz de alimentar nuestras bocas
llenas de bostezos
para
la gloria de Dios.
De:
“Mares y halagos. Variaciones poéticas”
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