Mares
y halagos
Tu
pelo ondulado, canoso
acabas de cortarlo
sigues cortando
y deja tu coronilla brillante
allí
entrará la luz
entraré yo
con mis pechos pequeños
y colinas tapizadas de amaranto.
Desnudos
peces quietos somos
al resguardo
del recóndito río
que nos hunde sus dientes.
«La
mujer que pesca señales en el aire».
Es tu voz que se escucha en el mar.
Tú y
yo
peces hambrientos
de múltiples manos
estaremos siempre atados
(estoy segura)
a ese lazo
de lluvia
que te impulsa
al
frote del ardor y
aún no lo sabes.
De:
“Mares y halagos. Variaciones poéticas”
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