jueves, 26 de marzo de 2026

SARA BÚHO

 

  

 

gaditanita

  

Miro un clavel y pienso en mi abuela.
Huelo hierbabuena y pienso en puchero.
Las sillas de playa son para las aceras
de las noches de verano al fresco;
con las vecinas
aprendiendo.
La ropa se tiende dependiendo
de la humedad del viento.
Abrazo con fuerza.
Saludo de lejos.
La mayor, la nieta del fontanero.
Grito que no está gritando,
que solo llama.
Llaman para un chapú
y suena el único teléfono de la casa.
Enrosca la persiana,
que seque el pasillo.
Saca la manguera para
baldear la puerta,
que los niños han pintado una rayuela
y mañana traen tizas nuevas.
Una mesa de harina,
manojitos de boquerones.
Pan bueno y una navaja
para la fruta.
Volaores, chumbos y
castañas
y un verano muriendo
para vivir eterno en el recuerdo.
Memoria que no llega a tiempo.
Cuesta hablar de este folclore
que se desvanece.
Que no es ni toros, ni carnaval,
ni Semana Santa.
Utilizo la palabra
para ir al rescate
de esta Andalucía que se me escapa.
Estate aliquindoi,
que cae la noche en la historia
y sin raíces uno se queda arrecío.
Rescata del acento
este tesoro y sus verdades,
que no hay cobijo
ni alcancía que guarde
el tiempo que no llega a ninguna parte.

  

De: “Si el mar no regresa”

 

 

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