Último
ensayo en el foso
El
teatro va poco a poco albergando
en su estómago al público.
Sofisticados bárbaros,
con sus pasos y conversaciones
invaden un espacio
de concentración y silencio sonoro.
Los
instrumentistas colocan las partituras.
Otros improvisan escalas y arpegios,
repasan fragmentos que se resisten
a ser interpretados. Son sombras
que no percibe (casi) nadie
desde sus butacas de terciopelo.
Allá abajo, como cristianos condenados
a ser por leones devorados,
preparan el concierto.
El director todavía no ha llegado.
Sobre
el escenario,
la historia que aquí contamos.
Telón bajado, ocultando escenas
que no se han desarrollado.
Un único intérprete entre bambalinas
dará cuenta de todo el espectáculo.
Solo
él sabe que aquellos músicos
de allá abajo son él mismo
y por él también son dirigidos.
Como Keaton en The Playhouse.
Serio, ensimismado en su trabajo,
orador con voz de tenor
que quiere que todo quede
bien explicado.
De:
“Sinfonía para un solo músico”
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