El
mordisco
No
empecé a tomarme en serio como poeta
hasta que el pelo blanco empezó a asomar en la barbilla.
Antes todo era diversión y afecto;
ahora, como una liebre, una liebre, una liebre
veo a la tortuga alzar su horrenda pata
sobre el último escalón por subir antes de
volver a casa, henchida de ventaja.
De pronto, todo parece venir de arriba, de la mente,
la belleza de la carrera ha desaparecido.
y mi vida es apenas una alegoría.
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