Otra
vez desde los riscos
Así,
las olas, Nadadora,
vagarán en torno a nuestros cuerpos
convirtiendo la forma desgarrada de los riscos
en la espada del Ángel de la Muerte.
…esposo
mío, desdichado —me dirás
desde la orilla—, acércate
y mientras algo quede de mí, tócame,
coge mi mano
mientras es mano,
mira mi rostro, mientras es rostro,
mientras
por entero
no me invade el mar sin fondo…
¿Dónde
estarán tus hombros mientras hable,
tus manos, tu color?
El mar será la plaga
que me despojarán de tu fantasma
como cada noche en el insomnio.
Esclava
mía.
Mi Señora.
Desde los riscos del insomnio te escribo:
zarparé esta noche tras de ti,
al encuentro de la muerte.
Sabrás reconocerme: mi barco
será esa alma que a lo lejos
la tormenta castigue con su furia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario