"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
viernes, 10 de abril de 2026
MADELINE MENDIETA
Trinar
de Pájaros
Las
palabras saltaron feroces de tus manos,
les crecieron alas y abrieron vuelo
se posaron en invernales promesas,
comieron frutos marchitos y devoraron mis ojos.
Ensordecidos del palpitar de mis ventrículos
sordos de sangrar, cedieron al picoteo voraz del zumo
de mis pupilas.
¿A dónde fueron las palomas de mis manos?
rasgada mi mirada, herida por pájaros nocturnos
deambula en penumbra y a tientas.
Tiemblan mis huérfanas manos, empuño estas palabras, las encierro
en una botella y que se pierdan en mar abierto.
Sin faro, sentada en el abismo,
el sol reposa tibio en mis manos que languidecen de preguntas.
¿Acaso el trinar de los pájaros, será un presagio del amanecer?
ANTENOR SAMANIEGO
Tarde
triste (XXX)
Una
flauta: es el cuclillo.
El paisaje se reviste
de violeta y amarillo.
La tarde se pone triste.
En el breñal, un novillo
escarba estrellas y embiste.
Fresco aroma de tomillo
en la atmósfera persiste,
La luz vencida del día
en temblorosa agonía,
ente las sombras naufraga.
Un postrer rayo de lumbre,
detrás de la enhiesta cumbre,
se hunde como una daga.
ABELARDO SÁNCHEZ LEÓN
En
el ir y venir
Introduce
la mano como si estuviese envuelta en un guante de sangre.
Es una mano lacerada que conserva los cinco dedos juntos
tal como lo indica la disciplina. Busca el agua nueva.
Su instinto le indica un curso por descubrir
e ingresa en un enjambre de hierbas rígidas.
Jala,
después de sacar el codo bastante alto:
alarga el brazo en toda su dimensión y reconoce
que ha creado un nuevo trazo en el espacio submarino.
Mueve
discretamente el cuello. Le toca el turno
a la otra extremidad, dispuesta a meter esa mano tiesa
y a reconocer el ardor húmedo que señala,
en el ir y venir, la incólume raya negra.
La
frente la tiene levantada. Lo necesario,
sin que deje de estar metida en el agua.
La nuca, en cambio, recibe al sol, al viento, a la garúa
y con los hombros son las dos partes de ese organismo
que se desplaza sosegado, respirando a su aire,
con la boca bien abierta, al sacar parte de la cara,
la mitad, tan solo, que se mantiene seco.
Cierto:
es una balsa que se balancea nerviosa pasada la tarde
y adquiere consciencia de que se le viene la noche.
Se agita poco y su cuerpo se ha fusionado a esta agua limpia,
poza que bien podría denominarse de la Maravilla
en honor de quien la hizo,
cavando un agujero y destripando la vieja herida.
Va,
llega a un borde, da la vuelta y recorre,
a la inversa, el exacto tramo rebalsado
sin perder la compostura, que es el estilo, la manera de hacerlo,
resguardado en las formas clásicas, lineales, tersas:
un brazo detrás de otro,
siempre dejando a las extremidades de abajo
hacer lo suyo, pateando, sin sacar agua, sumergidas,
evitando el desplome y asegurando el equilibrio.
JOSÉ RUIZ ROSAS
Así
escribo el poema. Doy un paso,
duermo, sonrío, lloro en mis adentros,
mastico la ancha hiel de los instintos
puestos a galopar, protones lúdicos
flotando sus latentes emociones;
miro la luz, que es el mirar más último
antes de penetrar en cada arcano;
oigo no sé qué cosas en los cantos
de las aves por un momento libres
y se me empuña el corazón sabiendo
su final de cautivas o de víctimas;
aspiro el aire altísimo que baja
a decorar de oxígeno mis huesos;
llego, me voy, distante en todo tiempo
de la meta final que no he fijado;
pulso la hora intacta que ha parido
el otoño de un ramo, atrapo el claro
destello de unos ojos fraternales,
miro los flujos que soporta el mundo
por pasos con sus callos melancólicos,
torno, vuelvo a mirar y abro los ojos
como un insomne búho en medio día
y fijo las pupilas como el gato
que pretendiera caza de aeroplanos,
subo la cuesta, bajo, y subo, y bajo
y conservo el imán del pavimento;
llego, con mi codicia a manos llenas
a regalarle el sol a todo el mundo
y la sombra, la luna y los luceros
como si todo yo fuera raíces,
hojas y savia para estar callado
como un laboratorio del abrazo;
así escribo el poema. Doy un paso.
SEBASTIÁN SALAZAR BONDY
Arte
del poema
No
nazca sangre viva de tu seno,
sí un aire bueno que entre los amigos
lava castigos y desciende pleno
por vados de mentira y desabrigos.
GUADALUPE VELASCO
En
la soledad del perro
Belleza
Como el perro chueco
que se va de la pared
a brochazos blancos
sin dejar de sacudir la cola
Poema
Es la cola del perro
que funda lejos una nación
para que la gobiernen las pulgas
Tiempo
Es también
el perro que gira
y se echa sobre el final de la vida
