"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
domingo, 12 de abril de 2026
BRITA HELENA CAMERO
Refugio
para zapagos
Para
entrar en mi refugio
es necesario traer los zapatos sucios.
No admito calzados hipócritas,
de esos que no dicen su verdadera procedencia.
Nada
de betún, cepillo, crema o pintura,
prefiero la desnudez del zapato,
el cuero pelado,
la suela lisa, gris y sin talla.
Me
fijaré en los desgastados,
marcados de la batalla contra el asfalto.
Me agacharé a mirar, a la entrada,
a los que no conocen el lado oscuro del armario.
Dignos
sean los ejemplares que los pasos
les han cambiado el color de piel;
aún en su metamorfosis,
han impedido al amo andar descalzo.
Los
zapatos que han recorrido el mundo
son dignos de entrar al refugio.
Los que han caminado mil y una vez
por la misma cuadra, invitados de honor.
Me
emociono con escuchar los relatos
de estos trotamundos, trotacalles, trotapasillos,
mientras más gastados, más instruidos en el vivir,
se evidencia su mansedumbre.
Zapatos
que suenan con voz ronca en el suelo,
bienvenidos, quienes los traen rotos.
Pasen los de zapatos mojados,
y los que vienen cansados de caminar.
Confío
en ellos,
que sólo pretenden ocultar con pudor
el pie del paseante por la ciudad.
Para todos ellos, mi refugio.
LUIS ERNESTO GONZÁLEZ SOTO
No
llegaré a la cita
es
tarde el sueño
largamente cultivado
sombra a sombra vibrante
sobre mi rostro en nubes sumergido
del árbol hule luces
columnas luminosas templo de las estrellas
confusión
de aromas de la lluvia
no llegaré a la cita
de la calle empedrada
aquellos ojos que no veré jamás
que nunca me dejaron y jamás estuvieron
ese silencio fértil de los brotes nuevos
me dolerán sin sangre por su ausencia
esa mano en la mía
queda en sueño así queda
sin puntos suspensivos
llegar ahora sin primavera encima
no llegaré
que sea
el rostro de aquel niño en el parque
que ahora sueña a la sombra
del árbol de su infancia
quien encuentre los signos
STEPHANIE ALCANTAR
Cautiverio
Nombrar
es un gesto de empatía,
también un ejercicio de poder.
Cada
cierto tiempo es necesario
nombrar las cosas de la casa.
Cuando no se nombran con frecuencia,
las cosas
invisiblemente
multiplican sus dimensiones,
escapan de la jaula de su nombre.
Un
día mi casa salió por la ventana.
Versión
de Ilana Luna
TERENCE TILLER
Rostros
Aquí
vendrá su ataque. Detrás,
el vasto hogar, ansioso, de frontera estrecha;
la carrera tenue de la mente,
la propia tierra, mal conocida, presta a la guerra,
y enamorada de lo que teme.
Delante yace una oscuridad que tantea,
tierra enemiga; y sin embargo menos
hostil que del todo desconocida, conjetura
de habla y arma, un ya-no-mío-mundo,
una alteridad cambiante.
Y el
ataque vendrá entre ambos,
aquí, en este tierno saliente,
esta casi isla sólo vista
(por guarnición o espía extranjero)
en acontecimiento imprevisible.
Cierra el brillante cáliz del ojo,
silencia la boca de color, desviste
la línea de la gracia ordenada:
aquí ondearán las banderas invasoras,
caerá el centinela, y nadie tendrá
una lámpara con que decir su patria.
MARÍA BELÉN MILLA ALTABÁS
Le
abro delicadamente las piernas a mi esposa
Todo
lo que obtengo de ti es esta
mañana de huelga
que ha bloqueado la carretera
en el centro de la capital fueron
arremetidos por el dios del progreso
y tu cara y los
decibeles de tu cara
quedaron atrapados en las
manifestaciones
de los grupos humanos
en su desplazamiento entre las
provincias
en su trayectoria hacia
el cariño
me preguntas si veo la casa que está ardiendo
en el noticiero como un furioso
jardín central
sólo yo
puedo oírte sabes ejercemos
la ternura con ferocidad
no te conmoverás por lo real con ningún
fulgor te cuidarás de la muerte
ningún amor congelado podrá con nosotros
una res es solo
una res
come lo que cazas
cuida las instituciones
identifícate con el desarrollo
piensa en el futuro común intenta
recuperar tu rostro
entre las flores
tu ano
hierático
es la soledad que toco
con la parte más blanda de mi cuerpo
el corazón frente al mal
no significa nada
ARTURO BORRA
Supervivencia
Sobrevivir
al frío:
sobrellevarlo, entibiar rincones
entumecidos con el recuerdo de tarde
al fin entregada al sol, cuando
alguien trae una infancia de la mano
que regresa
cuando todos se han ido.
[…]
Regresa
el frío –y las arterias
no detienen este temblor.
La madrugada gélida no resiste este tiempo
que también llegará. Hay ríos a los que nadie accede
-ríos que aman su delta y no temen el monte, los espinos
y esa vegetación árida de invierno. Llegará
un tiempo río en el que las cortezas se incendien
y el agua multiplique deltas más allá
–anegando los arbustos crecidos en la ribera,
allí donde las defensas nada defienden.
De:
“Umbrales del naufragio”
