Poema
escolar
Ya
aprendieron el tempus
fugit, teatrum mundi,
memento mori.
Para que mis alumnas
no rastreen, apuradas
tópicos en el poema
como si fueran buscadoras
de perlas o butifarras
las distraigo, les cuento
cómo fue que aprendí
de memoria, sin teorías
el soneto de Sor Juana.
Me piden que lo recite.
Cierro el libro porque creo
saberlo de corazón
pero recuerdo
el primer cuarteto
vagamente el segundo
y de los tercetos, nada.
A duras penas llego
a la última estrofa
haciendo pie tramposa
sobre la imagen proyectada.
Pero cuando me sumerjo
al final del poema
la voz tiembla
otra vez.
¿De dónde viene esa emoción
por el último verso
que deshilvana la materia
con su pasito cantado
hasta asomarse
al borde de la lengua y va
hacia atrás sin nostalgia?
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