Estos
prados
De
palabras sin voz,
de relojes parados,
de robles encorvados sobre el camino,
de peonías aisladas
buscando el sol
están hechos estos prados.
De
ceniza caliente,
de tierra húmeda,
latente,
de curvas y encrucijadas,
de luto y plañideras
está repleto este limbo
oscuro e insurgente.
De
pisadas sin huella,
de barro, de piedras,
de regato que expira
ante mis sentidos biselados
que no retienen el impreciso desdén
del fugitivo.
De
filos dentados
y oxidados que
a salto de mata acechan
—astillan el cráneo—
y desfiguran la calavera,
aseguran que no falte
la lumbre en tejavana,
el humo que macere
la esperanza,
la grasa que manchará
atrayendo ojos ocelos
los hules
adornados de carencia.
De
frío y consecuencias,
de futuro cardenillo,
de nube y de racimo
está hecho el destino
del reo liberado.
De:
“Peonías en el lecho del fauno”
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