Cuidar
de los animales
A
veces me pregunto por qué estas pequeñas criaturas
de ojos amargos, por qué deberíamos cuidar de ellas.
Interrogo
al cielo, al agua serena y azul,
pero no puede responder. No da respuesta alguna.
Y
ninguna respuesta libera en mi cabeza
una procesión de sombras grises, remendadas y quejumbrosas.
Perros
con las orejas cortadas, caballos jadeantes,
una mosca sin sombra y sin pensamiento.
¿Es
con estas amenazas a nuestra visión,
con esta procesión guiada por un hombre que carga madera,
con
lo que debemos preocuparnos? La tierra santa,
la verde isla en ascenso, debería ser más bondadosa que esto.
Sin
embargo, los animales, nuestros fantasmas, necesitan cuidados.
Acoge al gato azotado y al búho cegado;
carga
sobre el hombro la ardilla atrapada por el cepo.
Atiende a las bestias innecesarias,
pues
de la misericordia que crece y de un amor moderado
nace un gran amor por el animal humano.
Y tu
amor crece. Tu gran amor crece y crece.
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