Miserables
Estoy
aquí para decirte
que los peces flotan en el agua oscura,
es fétida la esperanza, día a día,
desechala hijo mío.
Detrás
de las cortinas de humo acerado
está el cielo blanco que soñaste,
desechalo también.
Fue
suerte que no estuvieras
en una alcantarilla infestada
de insectos y ratas grises
o en el inodoro de un bar
con un cordón de sangre
alrededor de la garganta.
Nada
tuvo que ver el amor
ni la bienvenida, hijo mío.
Mío
como la posesión
de un perro, una mesa
o una pala para desechos.
Salí
de esta ciudad
y entrá a otras;
todas iguales.
¿Aún
te queda alguna esperanza?
No
esperés nada de nadie
y nadie te defraudará.
No
tengás alegrías
y dejará de importarte el llanto.
No
entregués amor;
este es el mundo de la ventaja:
Pisá
al débil
y
escalá
hasta
la cima.
Ahogate
en alcohol
hasta la náusea.
Las
personan beben incontenibles
porque el recuerdo sabe aún peor.
Hijo
mío, te diría que te amo
pero no es cierto.
Te
mostraré que el amor
no entiende a los miserables.
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