Poema
de cumpleaños
Los
dedos se cierran sobre la hora,
tijeras lentas: detén su curso;
hay un espejo en el reloj,
tan franco como un maestro de escuela.
La
araña del reloj de arena
sabe cuándo tejer su suave eclipse
sobre el doble Marte de los labios,
y fluir en ondas por tu rostro.
El
tiempo ha agotado tu banco
de hermosura: Isabel
miró la plata y vio la muerte:
eres más vieja de lo que crees.
Los
zarcillos del deleite, como mechas,
se arrugan, pugnan por volver
a los tallos donde nacieron;
la ilusión se consume hasta el sexo.
¿Hay
otro tema? Ninguno:
es el símbolo de la espada;
el tiempo como un as, la carta del artillero;
la guerra, una radio sellada.
El
hombre que les dio y te dio la vida,
en éxtasis ciego, debe contemplar
a cada hijo amargo, malgastado, envidioso,
muriendo indignamente de sí mismo.
Los
relojes tienen voluntad de ejecutar:
te dejan un espacio para vivir
junto a la tumba que se abre;
has heredado el gusano y la rata.
Otro
giro de este pulgar,
una curva más cercana de hojas al acecho;
la muerte tiene la mano completa; recuerda, te invita:
tu cumpleaños es un truco del tiempo.
Así
que si te saludo hoy, sólo puedo
desearte que mueras más vieja,
no por enemistad externa,
sino por la guerra incivil del hombre.
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