"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
martes, 14 de marzo de 2023
CAROLINA ALVARADO
La
culpa la tiene Pedro Infante
La
culpa la tiene Pedro Infante, a él, mis amores fallidos.
Que, de tanto quererle, de tanto adorarle,
su porte distinguido, sus ojos pizpiretos,
caí con uno que ni guapo ni infante,
ni simpático, ni a caballo, ni trabaja, ni socorre,
pero canta cuando bebe, dedica canciones
y promete amor eterno.
¡Pedro,
Pedro, canijo! ¡Pedro, ya estuvo! ¡Pedro, amor mío!
La culpa es de Pedro Infante,
que llevaba serenata para pedir perdón y no permiso,
que cantaba cuando se emborrachaba
y tomaba lo que decía suyo.
¡Ay,
mi Pedro de espaldas anchas! ¡Mi Pedro canijo!
Por él, me hice de un amor sufrido.
Hombre que hace lo que le da la gana,
que amenaza cuando se siente herido.
Queremos
ser chorreadas y engendrar prole,
para que nos canten al oído.
“Amorcito corazón”, dulzor de la palabra.
¿Dónde nuestro carpintero cantor?
Soñamos “compañeros en el bien y el mal”,
y admitimos borrachos que van y vienen,
que nos quieren y no.
¡Ay,
Pedro, Pedro querido!
El que canta y llora es bueno,
porque, en las lágrimas, se redime.
Galán, a punta de pistola, guapo como ninguno.
Ahí viene el charro cantor,
aquí truenan sus pistolas o nos lleva el río.
Chantajea el que ama, grita el que quiere.
“Es por tu bien que te encierro, amor mío”.
¿La
culpa la tiene Pedro o culpa tiene quien lo hace compadre?
“Noche tras noche” vamos hilando el destino.
Hoy, ni a caballo, ni dos alegres compadres.
“Me cansé de rogarle”, de vivir un amor sufrido.
Que ya existen las películas a color,
los machos, machos son y, en últimas instancias,
Pedro era novio de mi abuela y no mío.
RANDALL ROQUE
Ajedrez
de soledades
La
soledad de un Rey
es tenerlo todo
sin nadie en quien
[confiar
La
soledad del Peón
es estar rodeado
de siete peones más;
todos,
con la intención
[de ser Rey
La
soledad del Caballo
es ser una bestia salvaje
atado a una idea recurrente
en una escuadra de dudas
La
soledad del Alfil
es ser cruzado, lado a lado,
por la misma cicatriz
La
soledad de la Torre
es la fortaleza que demuestra
para evitar a otros sufrimientos
La
soledad de la Reina
es entregarse en sabiduría,
en amor completo al Rey,
y esperar siempre,
un castigo a cambio
La
soledad del tablero
es cargar el mundo
a sus espaldas
Una
mano invisible que lo mueve
hacia el rumbo equivocado
MARIANA BERNÁRDEZ
Tocas mi cuerpo para regresarlo a lo nuestro
despierta la piel de su somnolencia
atemorizada de sentir dolor
se retrae en el roce de tus dedos
…………………..que suaves delinean
los contornos del goce que habita
…………………………………..Reclaman
hasta desbocarnos en ánimos oscuros
………………………………….Se
desganan
…………..en el espasmo de las entrañas
……………..en el llanto que arrecia cual monzón
CHRISTIANE DIMITRIADES
El
silencio oculta el insondable misterio de una falta, cuando al fin
mi voz irrumpe, la despótica gramática pretende someterla.
De: “Verdad
dice quien sombra dice”
ALEYDA QUEVEDO ROJAS
Conseguir
tu amor
demanda
demasiado esfuerzo.
Las puras ganas de saber cómo acariciarías
mi cuerpo y sus sinuosidades
me trajeron hasta el abismal laberinto que eres.
Es una cuestión de fe quedarme contigo.
Intento soportar el cansancio,
la fatiga de que me niegues,
no me nombres y no sueñes a mi lado.
Últimamente me he vuelto haragana
para las cosas del amor a las que voy
con más curiosidad que fe.
De: “La
otra la misma de dios”
JAVIER ACOSTA
El
cuestionario de la musa
El
culo está donde olfatean los perros.
¿Dónde está la cabeza?
Encima de la almohada.
¿Dónde está la cabeza?
Debajo de la embolia.
¿Quién es tu madre?
Es el árbol que cuelga del viento.
¿Cuántos años tienes?
Doscientos en los ojos,
treinta y cuatro en los dientes.
¿Cuántos años tienes?
Dos en los testículos,
una semana debajo de la lengua.
¿Cuántos son tus hijos?
Diecisiete familias
de fríos espermatozoides.
¿Dónde está el culo?
Lo contesté al principio.
¿Dónde están tus hijas?
En el orfanato.
¿Hacia dónde va el tiempo?
Hacia atrás.
¿Dónde estás tú?
En el útero de la mantis.
¿Dónde está tu padre?
En el líquido amniótico.
¿Qué estás haciendo?
Estoy soñando.
No, no. Estás muriendo.
lunes, 13 de marzo de 2023
CAROLINA ALVARADO
El
árbol
Tú,
sentada frente a mí,
fosforesces átomos de estrellas.
―¿De dónde soy?― te pregunto,
miro tus trenzas acordonadas con retazos de tela.
―¿De
dónde has de ser?
Del sueño, de una maleta,
del deseo por recorrer las costas,
de la urgencia por huir de la guerra.
―El
nombre, abuela,
dime el nombre de esa tierra.
―Poco
importa de dónde viene tu lengua,
mucho lo que dices con ella.
―¿De
dónde eres?, me preguntan,
como quien quiere averiguar
cuánto deben dar por mí
o si valgo la pena.
¿Con qué color encatrino mi libertad?,
¿Qué pájaro canta en mi bandera?
― No
es pared el árbol,
la montaña o el cráter,
los muros se encuentran en las ideas.
Sé de las nubes, hija,
como hacen las aves que surcan el planeta,
sé de los cielos, de las montañas,
sé de la lava
que desconoce las fronteras.
―¿Qué
respondo, abuela?
¿Qué pasaporte, qué visa,
dónde pongo mis pies
y digo ésta es mi tierra?
―
Coge mis cenizas, hija,
esa es tu tierra.
De: “Mis
muertos”
RANDALL ROQUE
Antropóloga
en París
Describime,
Victoria, cómo es Francia,
aparte de etnocéntrica y callada
con huesos fríos como las vigas
de una Torre cansada del turismo
Sos
una antropóloga en París
y la antropología es el arte de lo ido.
El grafito que se sacude
con los golpes del atardecer.
Quisiera
que volcaras
basureros sobre las aceras
y describieras
cómo es realmente la gente.
En
la basura se oculta todo
lo que somos bajo un techo
-Victoria
La
arena de las minas de cobre,
el coltán y litio de los celulares,
la ropa vieja que se cose
en maquilas en Asia Oriental,
los restos de la vida de mineros.
Y
cuando viajamos,
a pesar de que estamos
en todas partes, y nuestro
oro y minerales se funde
en las monedas
con el símbolo de Francia,
no somos turismo
sino migrantes
También
quiero viajar a París,
También quisiera verte,
como antropóloga sabrás tocarme
sin romper demás estos huesos,
escarbar la herida y comprender,
incluso explicarme con detalle,
tanto desaparecido, tanto exilio,
toda esa orfandad sin nombre.
Tenés
esa mirada húmeda
de las antropólogas,
esas ruinas dentro
que siempre parecen
decir algo
MARIANA BERNÁRDEZ
Tan
alta alegría de todo
mirar
las jacarandas
los
verdes en vuelo de colibrí
y lograr que el cuerpo nos abrace.
CHRISTIANE DIMITRIADES
Por
alguna misteriosa razón hay aves que se arrojan
al agua en picada para morir. Este impulso hacia
la muerte es afín al de quienes juegan contra
sí mismos. Su obsesión no reside en el placer del
juego o en la ganancia que puedan obtener, sino
en su desesperada entrega al azar, en su fascinación
por las fichas que caen, una a una, sobre el tapete
verde de la mesa encubriendo una pérdida
ancestral.
De: “El cuarto jugador”
ALEYDA QUEVEDO ROJAS
Mi
madre me regala
la maceta
de arcilla que guarda
una ensimismada hortensia.
Tal vez broten de un rosado fuerte,
aunque quizá, también, podrían salir
de un azul cobalto puro.
No importa el color que domine a la hortensia,
su concentración te ayudará
a librarte del miedo,
en esta época oscura.
Me dice, sosegada mi madre.
De: “La
otra la misma de dios”
JAVIER ACOSTA
Dios
y la bestia y los cabellos
Dios
ya la Bestia pelean por el mundo.
En el mundo estoy yo, pronunciado vocales,
enderezando mi espina dorsal,
bebiendo té de hierbabuena,
viendo qué hacer con mi peinado.
Dios y la Bestia siguen su combate.
Tú vives en el ombligo de la Luna.
Tú vives en la florería del viento.
Tú vives en el zoo de la almohada.
Tú reinas en la Luna, en los aguamaniles,
en el espejo de bolsillo. Tú pones
trapos húmedos en mis vocales,
cristales blancos en mis gafas,
y en el pelo tónico para el pelo.
Dios y la Bestia se arrancan los ojos y los huesos,
ignoran esta y otras cosas:
Cuánto pesan las cosas en la Luna,
El sabor de sus aguas. El requesón
que nunca tuvo. Cómo vives ahí,
cómo gobiernas a los locos
y a la sangre menstrual. Cuántos ladridos
habrás escuchado, cuántos países te reclaman.
Dios y la Bestia se mesen el cabello.
Tú recoges el mío.
domingo, 12 de marzo de 2023
CAROLINA ALVARADO
Presagio
Por
las cuencas de sus ojos
se filtra un presagio:
es la muerte.
La
anciana deja de contar las leguas,
sus pies terracota
sostienen la marcha.
A
Panzós va Mamá Maquin
y con ella sus alas,
dos pequeñas niñas, hijas de sus hijas.
Ellas la siguen,
desdoblan sus huesos sobre la tierra
se van armando y desarmando.
Ellas, sus niñas descalzas,
se llenan la boca seca
con flores del monte.
Si
tan sólo Ixmucané le enviara una
advertencia:
un mono blanco
un león purpúreo
o viera su cabeza rodar por el suelo.
Si
tan sólo se apiadaran de ella y de su pueblo,
ya Gucumatz, ya el dios cristiano.
Si al menos Dios estuviera mirando,
e invisibles hiciera los senderos
que llevan a Panzós.
Ausentes
son las señales.
La muerte le ha puesto miel a los caminos.
La anciana mira hacia el cielo e implora:
¡Invoco a Huracán Chipi-Caculhá
Raxa-Caculhá,
al Corazón del cielo,
al Corazón de la tierra,
al Creador, al formador,
a los progenitores!
¡Ixpiyacoc, Ixmucané,
les hablo, les invoco
para que me sean favorables,
para que vean por mis niñas!
El
silencio de los cielos y la tierra,
cae en su corazón.
Rosa
Maquin arriba a la plaza;
se abre paso entre la gente;
quiere hablar con el señor de blanco.
¿Cuántos metros hay entre la anciana y el fusil?
¿Cuánto debe pedir para encontrar la muerte?
¡Un pedacito de tierra, no más,
una tierra baldía!
Entre
las espesas nubes
su cabeza se quebranta,
cual los dientes de una granada.
Aferradas
al cuerpo de su abuela,
las niñas han visto
hombres taladrar hombres.
No siempre nacen alas
con llamados de viento.
De: “Poemas
para la revolución”
RANDALL ROQUE
Haru
Urara
Perder
en los hipódromos es otra cosa;
cuando todos apuestan al número rojo,
al impar en las pistas del polvo ácimo;
no se trata solo de perder,
sino de hacerlo donde todos
tiran su última moneda
Perder,
en todo caso,
también es un arte,
una manera
de justificar la ruina
Un
caballo purasangre como Seabiscuit
terminó en la memoria de las estampillas
como un símbolo de esperanza
durante la Gran Depresión
En
cambio, Haru Urara,
entró a la historia con dignidad,
sin ganar para su Jockey una sola carrera
Salió
a correr en espesos lodazales,
pantanos crecidos en barro sobre heno,
la esperanza de los que se saben
irremediablemente perdidos
Es
sencillo ser como Frederik El Grande,
el caballo más guapo de la historia
con sus crines en ondulado hollín
al que todos ven galopar
con su larga melena al viento
y no
ser
el desafortunado Helhest,
decrépito, enfermo,
con sólo tres patas nórdicas,
un caballo junto a Hela en el inframundo,
cabalgado solo por la muerte.
Un caballo del que todos huyen
con solo escuchar sus cascos
como se huye de una desgracia futura.
Hacer
un trato con Helhest,
es hacerlo con el oculto corazón
de los carbones en las minas
Nosotros
encontramos mayor cobijo
en la desesperanza
Nosotros
que vivimos del abandono
rotos en tantas partes que solo
causamos la ominosa compasión
de los alegres, los afortunados
No
fuimos ni seremos nunca
como el equino tarpán, Othar,
el temible caballo gris de Atila,
Rey de los Hunos, que donde pisa
no regresa hierba jamás
O
como Marengo,
el caballo de Napoleón que combatió
en Austerlitz, Jena-Auerstedt, Wagram,
con ocho heridas profundas sobre su carne,
prisionero en Waterloo, sobreviviente
a trescientos caballos muertos,
con su osamenta en el Museo Británico
No
seremos paridos por dioses nórdicos
con ocho patas como Sleipnir, para Odín,
ni tendremos la suerte de ser amados
como “Palomo” el caballo blanco
[de Simón Bolívar,
ser la otra mitad del centauro
en las batallas de Bomboná y Junín
Nosotros
nacimos de los caballos
que se rinden en los hipódromos de sed,
siempre dando la última batalla
que no ganaremos
No
seremos tan grandes
como el As de Oros de Zapata
recordado en rancheras
ni viviremos la vida de Incitato
junto al emperador Calígula
por quien la ciudad dormía para su descanso
y recibía copos de avena, mariscos, pollo,
mantos de púrpura y joyería, una villa con
sirvientes y caballerizas de mármol
con pesebres de marfil
Apostaremos
a perder
porque es el mundo conocido,
y, aún así, los dioses nunca podrán
quitarnos la certeza de la duda
Vendremos
del barro como el polvo.
Deshechos de la nada y de sus briznas.
Agitados como la hierba
Doblados
como juncos
que no se rompen
Como
un caballo de tres patas
que aún galopa contra los dioses
CHRISTIANE DIMITRIADES
Si
pudiera prestarte mi voz para que hable de tu vana jornada en la
que hurgas los basurales, del cansancio que ya no distingue la
enfermedad del desconsuelo, de tu regreso a casa por las doscientas
treinta escaleras con las manos colmadas de rancia oscuridad.
De
los amantes y de los libros nos queda alguna imagen,
deslustrada por la impertinencia del tiempo.
MARIANA BERNÁRDEZ
Y
del estar el cuerpo se enracima y se danza
en la visión de los volcanes puertos de nubes
y aunque no se llegue a dónde se quisiera
por desconocimiento del punto geográfico
pareciera que el olor de los árboles
fuese mensajero de palabra plena
…………………………………………………espera
………………………………………o promesa de volver a lo que es de uno
mientras que la mano presiente posarse y reclamarse dueña
hasta de lo nimio que anda en el aire.
ALEYDA QUEVEDO ROJAS
Escasa
humedad,
poca luz sin nutrientes.
Y las flores grandes,
tan grandes al final del invierno,
tapizando el camino hasta el final del túnel.
De: “Jardín
de dagas”
JAVIER ACOSTA
Mírate
bien
Eras
la boca de la madrugada
el doble verdadero de mi boca
de mis encías caninas. Mi perro infiel
pues hay mascotas que regresan
lustros después de que su amo
las abandona al otro lado de la calle
Tú no vuelvas. Es tan triste volver
Lo ha sido casi desde siempre
Vuelve la luz
los girasoles
el despertar nostálgico de las princesas
la boca neutra de la madrugada
Pero nada es de nuevo
nada se repite
Ni la delicada órbita de las falenas
Ni el ubicuo paso de Venus
Ni la aurora boreal de tu vulva
en mis labios medianos
en mis necias papilas gustativas
Nada vuelve.
sábado, 11 de marzo de 2023
CAROLINA ALVARADO
Me
hice selva
Me
buscaba. El camino estaba poblado de una yo
preguntándole a las piedras, ¿dónde está Carolina?
Por ello, sacudí el hambre, la invasión;
tomé mi cuerpo y, crustáceo, lo coloqué en otra concha.
Dejé que las plantas, los grillos y la risa de un niño le envolvieran en
compresas.
El pequeño fingió ser el azote de los mares. Corrí.
Nos perseguimos. Respiré la luz que quiebra la columna vertebral de los cocos.
Crustáceo, nací en tenazas, me hice al salitre del océano.
Crecí en verdes y rojos, crecí algas marinas, manglar. Me hice selva.
De: “Una
vez habité una isla”
RANDALL ROQUE
Lobo
y hombre
Desde
siempre: hombre y lobo,
antes que la rueda y la primera chispa
del fuego.
Cuando
formó el canto de la piedra,
la daga en el cuero y la espiga como lanza.
Dios
no existía como existe ahora.
Dios era el humo que desaparece,
la lluvia, el pantano que ahogaba
a las bestias.
Dios no era lenguaje ni verbo.
Dios no era nada. El hombre era lobo.
El
aullido -porque ambos aullaban-
hacía crujir tierra y luna por igual.
Hombre
y lobo aullaron juntos.
Templaron la luna como al hierro
hasta hacerla redonda y hueca.
Después,
la palabra distanció
al lobo del hombre: perro y hombre.
La
pintura rupestre fue hecha por lobos
u hombres que aún se sentían lobos.
Mordían
las plantas, salivaban la tierra.
Hay rastros de uñas largas en las rocas.
En las cuevas, los primeros artefactos.
La domada crin de la hoguera.
El
aullido de los perros nos espanta o atrae,
según sea nuestra cercanía con el lobo.
MARIANA BERNÁRDEZ
y no querer escribir
…………………..por no decir lo tanto que se vive:
…………………………………………………………..el paso del día
…………………………………………………………..lentitud que no engaña
…………………………………………………………..la presencia del derredor.
CHRISTIANE DIMITRIADES
Da a tu proverbio también sentido: dale sombra.
Paul Celan
A
esta la hora de la tarde el impulso de escribir adquiere el brío de
una bestia balanceándose dentro de la cuadra para huir de su
impuesta reclusión, sin embargo, me detengo, no logro escribir.
El
verbo “asombrar” nació en las caballerías, del espanto de las
bestias ante sus propias sombras.
ALEYDA QUEVEDO ROJAS
El
amor y su exigencia.
Esa llama que me quemó, arrastró y hundió.
Ni navajas, ni besos, ni cuerpos.
Ni el aleteo de la fe en forma de religión.
Ni el palpitante viento con sus dilemas.
Nada me sostuvo hasta llegar a este momento.
Solo tú, poesía, haces que valga la pena
seguir a la intemperie de la vida,
en el reluciente filo de la navaja.
De: “Jardín
de dagas”
JAVIER ACOSTA
Galimatías
breve
Hay
un momento sabes
en que lograste serenar
el crudo vocerío
que llamamos silencio
Hay un momento antes
En esa guerra sorda y muda
que siempre ganamos
luego de infinitas desgracias
luego de irreparables pérdidas
Ese lugar al que viajamos
con un cuervo en el hombro
Ese momento anterior al poema
desde el poema
donde hasta entonces
todas las palabras
eran el no querer decir de las palabras
Antes ―en ese punto:
entre el silencio tumultuoso
y el plácido bramido
del poema.
viernes, 10 de marzo de 2023
CAROLINA ALVARADO
Soy
una bicicleta
Soy
una bicicleta a mitad de la noche,
atravesando un puente;
escucho las luces del barranco, ladran como sabuesos.
Soy
un caballo pardo con dos ruedas,
la brisa inflama mis pulmones,
dos cámaras de caucho sintético.
Mis costillas, con parches, navegan el asfalto.
Soy
un corcel encadenado a la baranda,
sobrellevo el sol, la lluvia, la mirada del policía.
Ella, mi yoqui, escribe que es una bicicleta, un caballo,
pero soy yo el dragón rojo que desapareció una mañana.
Soy
el fantasma de una bicicleta,
escribe mi yoqui, por no mencionar:
lo que implica la lentitud de las piernas sin alas,
del galgo, la falta de fuerza,
el ya no ser tan veloz como Speedy Gónzales.
Soy el chocarrero espíritu de un corcel, escribe,
por no decir: de Rocinante, la ausencia,
y, con ella, la pérdida de estatura, el sendero sin la bestia.
Usa la palabra “bestia”, refiriéndose al perro más fiel.
Ya
no besa sus plantas de los pies, la noche,
ni la leche marina inunda el horizonte.
No galopa al naranja que atardece.
Todo, todo eso que fuimos, que habitamos.
No volar, ya, en el lomo de un dragón,
No oler, más, el pasto de las estrellas.
Soy
el alma de un ser mitológico, soy una bicicleta.
De: “La
culpa la tiene Pedro Infante”
RANDALL ROQUE
Miserables
Estoy
aquí para decirte
que los peces flotan en el agua oscura,
es fétida la esperanza, día a día,
desechala hijo mío.
Detrás
de las cortinas de humo acerado
está el cielo blanco que soñaste,
desechalo también.
Fue
suerte que no estuvieras
en una alcantarilla infestada
de insectos y ratas grises
o en el inodoro de un bar
con un cordón de sangre
alrededor de la garganta.
Nada
tuvo que ver el amor
ni la bienvenida, hijo mío.
Mío
como la posesión
de un perro, una mesa
o una pala para desechos.
Salí
de esta ciudad
y entrá a otras;
todas iguales.
¿Aún
te queda alguna esperanza?
No
esperés nada de nadie
y nadie te defraudará.
No
tengás alegrías
y dejará de importarte el llanto.
No
entregués amor;
este es el mundo de la ventaja:
Pisá
al débil
y
escalá
hasta
la cima.
Ahogate
en alcohol
hasta la náusea.
Las
personan beben incontenibles
porque el recuerdo sabe aún peor.
Hijo
mío, te diría que te amo
pero no es cierto.
Te
mostraré que el amor
no entiende a los miserables.
MARIANA BERNÁRDEZ
Desde
mí
………..dejarse vencer por el endolerse del cuerpo
………..sin saberse ya carne, hueso o polvo
………..ser herida por donde el día es más que altura
………..y respirar en el primer latido del mundo
………..más
que músculo rasgado o seno desterrado
………..lo que consuela desde lo íntimo
………..es saberse no sola entre los vivos y los muertos.
CHRISTIANE DIMITRIADES
Cuando
el cansancio agobia y el cuerpo desobedece,
una voz guía mi mano y reescribe en el lugar de
cada paso en falso cumplido.
ALEYDA QUEVEDO ROJAS
Brazada
Curtida
la piel, gastados los ojos, aprendí a bucear desnuda
entre corales y piedras cortantes. Brazada abriendo el lenguaje:
mantener el codo más alto que el brazo, las imágenes más brillantes
son música.
De: “Ejercicios
en aguas profundas”
JAVIER ACOSTA
Breve
canción de amor
―Seguiré
tu camino.
―No tengo camino.
―Te acompañaré.
―No puedo andar.
―Iré en tu lugar.
jueves, 9 de marzo de 2023
ESTELA PUYUELO
Luz
Entre
el vivir y el soñar
un bostezo se deslumbra,
aún caliente,
manso, bobo,
como recién caído en la cuenta.
Pegados
a los ojos
nadan peces de aceite, espejismos,
su danza de déjà vu,
arropados en piel brillante
de sirena.
Pestañas
y pupilas
se enfrentan sin concilio
y no cejan
en su retórica parca y besuguiana
de parpadeos.
Las unas abocadas
a levantar persianas de realidad
con visos de falacia.
Las otras empecinadas
en tumbarse, en resbalarse
cinco minutos más
en su escondite de sueños.
Entre
el vivir y el soñar
amanece el hambre, o la sed,
o una tos seca, la necesidad de desaguar
el engaño estancado
en las entrañas.
Un ruido, un pitido, un grito.
Y,
con chispas de media tristeza,
el instinto prende
la luz de la inteligencia
y uno comprende
la exacta medida del ser.
JUANA MARÍA NARANJO
XIV
Señor,
tu palabra guarda
los alientos de oro
de las espigas
y resplandece en el corazón
del hombre
nos libera de hecatombes: quédate aquí Señor.
De:
“Abedules de luz”
MANUEL M. FOREGA
Con Leonor
y Kavafis
Tantas veces estuve tan cerca de sus ojos…
K.
Kavafis
A
Eleonora Rella
Quizá
alguien ya te ha dicho
que tus ojos son dos mares.
me da lo mismo;
nadie te lo dijo sobre un dromón bizantino
al pairo frente a las costas de Kavala.
Otro día visitaríamos Eubea,
las Cíclades y Alejandría.
Nimbos
negros como corderos
agredían la luz del Egeo
y el dromón jamás navegaría
porque su réplica anclada ‒como un insulto‒
semejaba un escollo tallado
exultante de grímpolas palidecidas.
De
Kavafis hablé arañando un bao,
de sus versos breves e intensos como un crimen
o como un trago de buen vino,
de sus poemas densos
ataviados de historia y de pecados hermosos,
de su sabiduría,
de cómo sería su cuerpo joven engarzado
de caricias a manera de efímeras joyas
clandestinamente robadas
a los libros y a la noche
(Si de mi amor no puedo hablar
‒hablar de tus cabellos, de tus labios, de tus ojos‒,
Sin embargo tu rostro…)
mientras tus mares se atormentaban y rendían.
Alejandría… Ella fue quien me condujo a la calle Lepsius.
Eleonora…
En el portal oí su voz sonora, dulce:
En esas habitaciones oscuras en que vivo
pesados días, con que anhelo miro a veces
las ventanas ‒Cuándo se abrirá
una y qué habrá de traerme‒
Pero esa ventana…
En
el número 10 de la calle Lepsius, en Alejandría,
vivió el fuego de Konstantino tantos años…
Para
saberlo tuve que apresar tus mares
y llevarlos conmigo.
De: “He
roto el mar”
RENÉ E. RODAS
Noches
de verano
Llueves
sobre mí con tus manos de tormenta.
Traes en los labios racimos de chubascos
que descargas a golpes de lengua sobre mi cuerpo.
Insaciable la tempestad arde en tus ojos.
Montreal, verano 1999.
De: “La
balada de Lisa Island”
PEDRO LASTRA
Algo
nos han dejado los dioses desdeñosos
Con
muy menudos diezmos
y salarios escasos
nos pagaron los dioses
las devociones largas y vigilias:
días veloces
y el amor veloz,
esas fugacidades.
De: “Transparencias”
MARIANA BERNÁRDEZ
El
cuerpo es el lienzo
de tu moradura
la huella en abrojo
o el cardenal del silencio
que en su mesura exaltó
…………………..lo perdido
Bitácora
de la desolación
que dejó la cabeza
…………….sin firmamento
y un desierto creciendo
…………………..en la lejanía
Mudos
han quedado los labios
después del beso
que extendió su tránsito
torciendo el tanto entender
Y no
levantar la voz por temor
………..a una mayor quemadura
por encontrar en el limo
………..el barro de su evangelio
y
ahora ha venido a hincarse
la rabia por la rabia
dejando en su dentellada
el presagio de lo abierto
aquí
estuvo
por aquí el tallo roto
advierte el trazo en el polvo
ven
…….silbo vulnerado
que los pájaros quieren cantar
………..la cólera funesta
en el cardo de tu lengua.
De:
“Tristura”, en Rumor de niebla





