jueves, 7 de mayo de 2026

JESÚS MONTOYA

 


 

Clínica del poeta menor


El poeta menor tiene la culpa.

Se echa en la orilla del agua

que por el pico arrastra,

hasta somnolencia le da

rumiarse siniestro o torpe

ejecutor en segunda lengua.

 

Un armario podría dejarnos

con las obras incompletas

de la poesía menor que lee:

comienza por el cono sur

y desciende a rozar las rocas

con los dedos del pie.

 

Camina como revoloteo

de gavilán y gestea aquí,

por ejemplo, el calque

de la escuela que mutila.

Estatua folclórica

o caricato movimiento

 

arriba a las sinapsis

que calibran sus ensayos

cuando lo observamos

―yo también lo espío―

tomar sus pastillas:

50 miligramos de viajes

 

por el mundo orwelliano

para que se afinque cual caballo.

Pero este poeta menor que soy

zanca en hora álgida y planea,

sagitariano, cómo arrearse

a contracorriente.

 

Está pariendo un don:

dona sus ropajes a otras fosas

en la vecindad del huerto;

empírico se acorta

y, bajándose del palco,

nos deja de trinar.

   

 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario