jueves, 7 de mayo de 2026

LUIS ALFREDO ARANGO

 

  

 

Relieves de memoria

  

En Bonampak la tierra tiene ingravidez de plumas

dibujadas por el sol;

la tarde pinta murales de cadmio anaranjado;

cenizas de volcanes extinguidos se levantan

y en el aire inventan dioses y batallas.

Porque después de todo el sueño es nuestra única heredad,

en Uaxactún me quedo a descifrar la piedra donde duermen

-más que números y fechas- estas huellas de gente que murió,

que amaba, que también cortaba flores y aleteaba

tras el anca del jaguar y las sonoras pisadas de la lluvia.

En Tikal, escalinata prodigiosa,

soy un pobre forastero deslumbrado.

Recuperadas luna de otra edad,

fino envoltorio de polvo que guardo en la memoria,

no quiero más tesoro que estos nombres que descorren cielos

[verdes,

ceremonias emplumadas con fragancia de copal y miel

[silvestre.

Te sitiaron los pumas, Quiriguá,

te devoraron águilas y tigres amarillos

que tenían en los ojos jeroglíficos tallados

de un antiguo calendario.

Beso el barro,

amo el estuco delicado,

me inclino ante los sabios estelares,

ante el pueblo que contaba los luceros y escribió sobre basalto

la única historia verdadera que se ha escrito en esta tierra.

 

 

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