Relieves
de memoria
En
Bonampak la tierra tiene ingravidez de plumas
dibujadas
por el sol;
la
tarde pinta murales de cadmio anaranjado;
cenizas
de volcanes extinguidos se levantan
y en
el aire inventan dioses y batallas.
Porque
después de todo el sueño es nuestra única heredad,
en
Uaxactún me quedo a descifrar la piedra donde duermen
-más
que números y fechas- estas huellas de gente que murió,
que
amaba, que también cortaba flores y aleteaba
tras
el anca del jaguar y las sonoras pisadas de la lluvia.
En
Tikal, escalinata prodigiosa,
soy
un pobre forastero deslumbrado.
Recuperadas
luna de otra edad,
fino
envoltorio de polvo que guardo en la memoria,
no
quiero más tesoro que estos nombres que descorren cielos
[verdes,
ceremonias
emplumadas con fragancia de copal y miel
[silvestre.
Te
sitiaron los pumas, Quiriguá,
te
devoraron águilas y tigres amarillos
que
tenían en los ojos jeroglíficos tallados
de
un antiguo calendario.
Beso
el barro,
amo
el estuco delicado,
me
inclino ante los sabios estelares,
ante
el pueblo que contaba los luceros y escribió sobre basalto
la
única historia verdadera que se ha escrito en esta tierra.
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