martes, 9 de junio de 2026

EMILIO ORIBE

 

 


 

Balada de la copa de cristal

  

Algo que me da gozo y amargura
he descubierto con placer y pena:
que tu alma, a pesar do su hermosura,
es vaso de cristal lleno de arena.

La música no se oye adormecida.
El cristal, prisionero, no resuena.
Poco a poco en los cauces de la vida
la clara forma se llenó de arena.

Jamás la harán vibrar. El que lo intente
la romperá. Devotos o juglares,
en vano buscarán el himno ardiente,
el más hondo y mejor de los cantares!

Yo soy el dueño azul de la armonía,
el mago de la música encantada.
Los hombres, sin amor ni poesía
sacudirán la joya y no oirán nada.

Yo sé del pensamiento sobrehumano
que hace brotar la música serena
al agitarla mi amorosa mano
tu copa de cristal, no tendrá arena!

Mientras te haga llorar el verso de oro
o seas la leyenda que lo inspira,
diáfana por el lírico tesoro
tu copa vibrará como una lira.

Pulsaremos los dos, maravillados
la canción que del fondo se levanta;
¡Cuántos himnos ocultos, revelados
la cristalina joya, cómo canta!

Pero si un día entregas al olvido
este amor que te invade y te perfuma,
tan solo oiremos como un gran gemido
la débil melodía que se esfuma.

Cuando sea de otro tu belleza,
con arena tu copa han de llenar.
La copa de cristal y de pureza
ya nunca, en ningún tiempo ha de sonar.

 

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