Ciego
Sus
pensamientos, antes impetuosos, que en ardiente afán
saltaban del ojo al cerebro y del cerebro al ojo,
tejiendo inconscientes tapices de vida,
hoy se repliegan, presos, desterrados del cielo.
Y
él, que contempló su mundo y todo lo amó,
sin estrellas, envejecido y ciego, digno de lástima,
con pasos débiles y la mano en el muro,
avanza a tientas con su bastón por la ciudad que retumba.
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