Ataque
Al
alba surge el lomo, compacto y ceniciento,
en el púrpura salvaje del sol que arde violento,
humeando entre jirones de humo que encapotan
la ladera amenazante, marcada por la guerra; y, lento,
los tanques se deslizan, se inclinan hacia el alambre.
Ruge el bombardeo y cesa. Luego, torpemente encorvados
con bombas, con fusiles, palas y equipo de batalla,
los hombres se empujan y trepan hacia el fuego erizado.
Filas de rostros grises, murmurantes, velados de miedo,
abandonan trincheras, saltando a campo abierto,
mientras el tiempo late, vacío, en sus muñecas,
y la esperanza, esquiva, con puños que se aferran,
se hunde en el barro. ¡Oh, Jesús, haz que esto acabe!
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