La
amatista
I
No
sé donde leí que una doncella
de Italia,
encontró bajo un templo en abandono
una diáfana,
luminosa amatista.
Observada
al trasluz,
veíase en la piedra a Dionisos corriendo
semi desnudo sobre un verde prado.
Alegre el Dios, y con un bello impulso,
alzaba en una mano hermoso tirso
de rosas, y en la otra un gran racimo
de uvas.
Mientras
el Dios corría,
una joven pantera dando saltos
seguíalo con miras de quitarle
el racimo.
II
Oh,
alma mía!
¿Cuándo hallarás la peregrina amante,
la mujer esperada,
que sepa descubrir en tu interior
el símbolo feliz que en ti se oculta?
Ágil
efebo,
se verá en lo más hondo de ti, ¡oh alma!
Lleva un tirso de rosas: la Poesía.
Y un racimo de uvas: el Amor.
Corre
el efebo apenas mal cubierto
con una piel de león, mientras sonríe
y canta…
La
pantera — oh la vida! — intenta en vano
arrebatarle los preciados frutos
dando enérgicos saltos.
Haced
mis Dioses, que la pueda ver,
muy pronto, fatigada abandonando
tan espantosa empresa.
¡Así
podré ofrecer a la doncella
reveladora del secreto símbolo
que se agita en el alma transparente
toda mi Poesía,
tirso de rosas siempre florecido,
y mi Amor,
racimo eternamente renovado!
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