Amanecer
en un jardín
Oí
cantar a los gallos, fuertes, lejanos, finos,
cuando la noche encapuchada huía y un planeta brillaba:
oí notas agudas surgir del bosque en agujas,
cuando nubes se abrían doradas por fuegos del día.
Blanca
de bruma estaba la campiña; los prados, gris plata;
la alondra abandonaba su campo solitario hacia el cielo;
y el viento, en su camino, susurraba en los mayos,
y tocaba las peonías inclinadas para despertarlas.
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