Ante
el Cenotafio
Vi
al Príncipe de las Tinieblas, con su séquito,
de pie, descubierta la cabeza, junto al Cenotafio:
sin ostentación, respetuoso, allí permanecía
y elevó la siguiente oración.
«Hazles
olvidar, Señor, lo que este monumento
significa; revive sus ideas desacreditadas;
siembra la fe de que la guerra es purificadora
prueba del orgullo y poder de estar vivos;
aumenta el impulso biológico de los hombres
por rehacer el mapa de Europa, Señor de los Ejércitos;
eleva sus corazones en vasta ansia destructiva;
y corona sus frentes con una paz ciega y vengativa.»
El
Príncipe de las Tinieblas ante el Cenotafio
se inclinó. Y al marcharse, le oí reír.
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