“Blighters”
La
sala está repleta: grada sobre grada sonríen
y ríen al espectáculo, mientras filas saltarinas
de rameras chillan el coro, ebrias de estruendo:
«¡Seguro que el Káiser adora nuestros viejos tanques!»
Quisiera
ver un tanque bajar por el patio de butacas,
tambaleándose al son de ragtime o de «Hogar, dulce hogar»,
y ya no habría más bromas en los music-halls
para burlarse de los cuerpos acribillados en Bapaume.
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