Leonardo de Vinci
I
Año
mil cuatrocientos noventa, más o menos,
Florencia. Media noche. Callaron los serenos
nocturnos
y se fueron los últimos soldados.
Alguien llega a la trágica plaza de los ahorcados.
Es
un noble varón de elevada estatura
que aprieta con el puño, la férrea empuñadura
de
su espada, y camina con paso firme y lento,
mientras su cabellera ondula bajo el viento.
Agitando
una capa de terciopelo oscuro
el caminante sigue con ademán seguro.
De
pronto, nota un cuerpo que de la horca oscila
saca un puñal de oro y con mano tranquila
hiere
la cuerda mismo donde el nudo se cierra
y cogiendo el cadáver lo arrastra por la tierra,
hasta
un portal. Entonces, el oscuro ladrón,
no puede ya ocultar su gran satisfacción.
II
Deja
al muerto en la mesa cuidando no hacer ruido,
y cortando la piel de aquel desconocido,
hace
estudios de músculos, bajo una luz escasa,
mientras un gran silencio se condensa en la casa.
III
Pasó
la larga noche.
Va a despuntar el día.
Aún Leonardo el Brujo estudia Anatomía.
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