sostengo
la cuenca de tu hombre
el lugar mínimo
para dejar caer mis vértebras
el único gesto
para verterlas como manchas fragilísimas
hasta que te venza mi femur
y lo toques
y te quedes
y deje de existir para ambas
así
me nace un cuerpo nuevo
que no es carne ni pastilla
es saliva en otra parte
fisura entre lo que imagino
y el tránsito hasta convencerte
de que me toques
te quedes
y dejemos de existir para el resto
De:
“Seré yo el marido más bello”
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