martes, 16 de junio de 2026

JESÚS TORRES BEATO

 

 

 

Siento un cosquilleo de mono trapecista

  

Dibuja una valenciana a lápiz las calles de Glasgow. Se posa una paloma blanca sobre mi lepra. Me fumo un cigarrillo y canto en el prostíbulo de las noches oníricas. Oigo, más allá del Xiaomi, el río: el murmullo de sus habitantes, el reflejo de unas moscas, las piedras soleadas. El aliento de un caballo en el cuello me despierta como un tulipán en medio del abismo. Soy la fotografía de mis fotografías. Cada instante es una carta de despedida. Tres cerezas. Un arpa junto a la catedral de Málaga. Nuestros cuerpos. Hoy he dialogado con una estrella. No tenía nombre. Su pestañeo izquierdo me recordó a mi familia. Su pestañeo derecho me recordó a mi familia. Tengo tatuado en el antebrazo una idea de Gandhi. Tengo en mi librería versos de Alberti, escritores fantasmas que brindan coñac.

He creado en mi libreta un sistema solar donde el sol gravita alrededor de la luna. Un tigre de Malasia la defiende. Hay un sombrero de cowboy en el suelo gris, y suenan a lo lejos, en el espacio, campanas invisibles. Dan las dos, las tres, las cuatro. Dan las cinco, las seis, las siete. Aún no es hora de cenar. Plantado sobre la pisada de Neil Armstrong, un árbol lleva inscrito en sus hojas los nombres de doce niños soldados. Las miro una a una, se deshacen lentamente en arena y se convierten en pétalos anaranjados abandonados en el aire.

Viajar hasta el sol y colocar una flauta en sus pulmones.

Volver a las cavernas y pintar en las paredes:

los mantras de Siddarta.

 

De: “El labio del payaso”

 

 

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