jueves, 9 de abril de 2026

JOSÉ RUIZ ROSAS

 

 

 

Licor, icor hermético, incesante,
raudo canal, giróvago y centrípeto
brindis de todo túmulo y tibieza,
corriente, río subcutáneo y ciego;
premonición de llagas y de muerte
en el múrice tono de la fuerza,
parte de mí que palpo con sueño
en un afán tenaz de cuántos dóndes
puestos en sucesión de oculta herida,
terco laboratorio palpitante
donde con pausa grave y solemnísima
florifica lo líquido su estado,
aluvión que a sí mismo se detiene
para salvar la vida, guarda férreo
que enfrenta la envoltura del ambiente,
postillón del oxígeno, cadena
desde la madre al hijo, sucesiva,
nave de un solo puerto intermitente
en que navega mi final espectro
sumergido en su patria de tejidos
soledad de millones en alarma
que pudiera diezmar algo bastardo
en una sola noche sin luceros;
pez; habitante cálida que gusto
como si fuera dueño del destino
y que una vez, al fin, ya detenida,
no reconoceré, quizás, por turbia,
por helada, cambiando ya de forma
gracias a multitudes antropófagas.

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario