si
rodeo el moratón de mi rodilla
recreo la línea justo al borde
de tres manchas en tu pecho
veo un helado
quizá un sombrero
la señal de mí
de aquella que clavó un quiero
deseo
¿me dejas?
al nivel de la sangre
he
imaginado cuarenta cuerpos para alcanzar el tuyo con cuarenta y uno
suficientes articulaciones se han colocado pésimas a mi lado
hasta perfeccionar el tiro al marido
soplar la fruta
y comerme el hueso
si
respondo al silencio
con cualquiera de las otras
vuelvo a un gesto únicamente tuyo
al cristal que te conserva
cada vez más sucio
embarrado olvidado
poco
queda de tu cara
en nuestra misma historia
es el pasado velocísimo
de dos medio extrañas
no
encuentro ya ningún paso cercano
que me recuerde tu piel mudada
pero te dejaste una mecha en casa
un mechón que todavía me pongo
lo manoseo
y me miro al Espejo
De:
“Seré yo el marido más bello”
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