Himno
a los Ejercicios Físicos
Aire
y luz y movimiento
arrancan al desaliento
la cadencia de la vida ;
loemos todo sustento
de la vocación dormida.
Vencen
la inercia de nuestros músculos
la fuerza, el ritmo, ya en los crepúsculos,
ya en las mañanas ebrias de sol.
Mientras palpitan nuestros tendones,
Naturaleza pródiga en dones,
nos da la clave de perfección.
Ha
de surgir del cultivo
corporal, noble y activo
dechado de humanidad:
juventud de porte altivo
y ubérrima voluntad.
La
casta débil desaparece.
No habrá más savia pobre. — Florece
nueva, robusta generación.
La vida exige firmeza y bríos ;
iNo más retoños magros, tardíos!
Salud, la diosa, nos prohijó.
Rompiendo
de nuestros vicios
corporales las cadenas,
regulan los ejercicios,
— a la juventud propicios, —
el ritmo de nuestras venas.
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