Oro
azul
Soy
un puñado de monedas de oro calcinadas,
un pozo azul, el ojo izquierdo de la luna;
luna: isla, horizonte mío,
bombilla de Dios,
señálame el camino de vuelta a casa,
al hogar olvidado de mi espíritu.
Y todas las noches, antes de acostarme,
me acercaré a tu labio gris
y te pediré la palabra:
pétalo infinito,
sol que lame heridas de las cigüeñas viejas
a la puerta de la tierra enamorada.
Busco tras mi nombre
(el nombre perfecto del Mesías)
y solo hallo ruidos, voces.
Como si el alma perdida en Venus,
a tientas,
busco y no hallo la casa de mi Padre.
«¡Abba! ¿Dónde estás?».
Con la rodilla en el suelo,
miro mi reflejo
y solo veo sombra, sombra, sombra.
Mi voz interior es un desierto lejano.
Vuelve a casa, oh, poeta,
recuerda que eres la vida dentro de tu cuerpo,
aroma de la galaxia,
vela que limpia la ceguera de mis ojos.
Quiero abrazar contigo descalzo a los niños.
Quiero escuchar contigo de los árboles las raíces.
De: “El
labio del payaso”
No hay comentarios:
Publicar un comentario