Cae
la luna en el mar
Vamos
en la penumbra estelar
debajo de aquel árbol cuyo tronco
se encuentra en todas partes
y cuya fronda abarca todo el cielo.
Llega
la media noche,
y el árbol lentamente se ha colmado
de rubias frutas en astrales tirsos.
El
más grande y rosado de los frutos,
se aparta del racimo innumerable
y agobiando la rama que lo nutre,
se inclina hacia occidente.
Tiembla,
ruge, todo el océano.
Sobre las aguas turbias adivínase
el paso de un gigante.
—
Miradlo! — grazna un pájaro invisible. —
_ Es él! —
— ¿Quién es?
Avanza en la anchurosa senda,
por donde huyen las constelaciones,
y del más recio gajo de aquel árbol,
el fruto inmenso anaranjado corta.
Lento, lo arroja al mar.
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