Vieja
querella
Herodes
sale con su lanza por la noche.
¿Cuándo
podremos decir que la matanza de niños reposa lejos
y que el espanto del Bautista, su piedad y su corazón roto,
jamás volverán a visitar nuestro rostro, tu frente enferma,
mis ojos, tu canción de cuna, tu vieja querella?
Rey
o monarca de siempre, el apagador de velas,
el del capuchón de ángel negro, el que perpetúa la noche,
es a ti a quien le agrada oír los lamentos que la humanidad exhala.
Tú extiendes la mano para agobiar mis labios,
sorbes mi sangre y mi llaga, la herida de mi débil brazo,
mi espalda que exhibe las letras y la cicatriz.
El cielo nos envía sables, puños apretados, arabescos de orín.
Mi alma estrecha es una sepultura en una callada tierra.
El poderoso habla la lengua soberana
y nosotros perdemos la lengua del hombre.
Herodes
sale con su lanza por la noche.
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