Lo
que yo esperaba…
Lo
que yo esperaba era
el trueno, la pelea,
largas batallas con hombres
y el ascenso.
Tras el continuo esfuerzo
debía volverme fuerte;
luego las rocas temblarían
y yo descansaría un largo tiempo.
Lo
que no había previsto
era el paulatino día
debilitando la voluntad,
destilando el brillo,
la falta de bondad para tocar,
la dilución del cuerpo y el alma
—el humo frente al viento,
corrupto, insustancial.
El
desgaste del Tiempo
y ver pasar a lisiados
con raras torceduras en sus piernas
en forma de preguntas,
la aflicción que pulveriza
derritiendo los huesos con piedad,
los enfermos cayendo de la tierra:
todo esto, no lo pude prever.
Siempre
a la espera de
cierto resplandor en que confiar,
de cierta inocencia final
exenta de polvo,
que, colgando con solidez,
oscilaría a través de todo,
como el poema creado
o el cristal poliédrico.
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