En
Courmayeur
Este
valle de montañeros con sus santuarios junto al camino
(la joven Madre coronada y sus flores marchitas)
se convirtió durante semanas en nuestro tema. ¿Recuerdas
las cartas que escribíamos y cómo planeábamos
el viaje hasta allí y elegíamos el hotel; el nuestro
debía ser uno “entre los pinos”?
Las
conjeturas se quedaron cortas; pero zigzagueando tras aquella cresta
la carretera asciende desde la ciudad romana; allí se alzan
los picos relucientes, y uno, el Dios, inmenso,
arrojando nubes alrededor de sus hombros; aquí
está lo que pedías, pastos de verano y
un aire con glaciares en su filo.
Bajo
todos los sonidos cae agua de montaña;
de noche, el río parece acercarse mucho más;
amor mío, ¿cómo pudiste pensar que podría olvidarte,
a ti que para siempre te quedaste atrás? Tu ausencia
regresa dura como las rocas. Justo ahora fueron
esas flores colgantes las que trajeron el recuerdo.
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