La
crucifixión
(El
Greco, 1597-1600)
Estoy
en un banco frente al Greco.
Museo del Prado.
La crucifixión me mira y la miro,
en un diálogo mudo, sagrado.
El
pincel danza ante mí,
con trazos de agonía.
El Cristo estira sus brazos al cielo
mientras sangre y agua llenan las copas.
Hay
un lamento siniestro en todo,
algunos dicen que el pintor cretense
se inspiró en las palabras de Alonso de Orozco.
Hay oscuridad en esta luz.
María
y Juan, al pie de la cruz.
Su dolor atraviesa lienzo y tiempo
y me alcanza aquí, en este banco,
donde los japoneses paran al verme meditar.
El
Greco me envuelve,
deforma la realidad.
¿Es el cuadro o soy yo quien se retuerce
fruto de la contemplación?
Los
minutos se estiran,
el Prado se desvanece.
Solo quedamos el cuadro y yo,
fundidos entre la belleza y el dolor.
Me
levanto, tembloroso,
porque no soy el mismo que entró.
El Greco ahora me ha pintado
y en el lienzo, mi alma también se crucificó.
De: “Galería
de intimidades”
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