¡Canta,
corazón mío, canta!
Cuando
silencioso y cubierto de neblina se despierte el boscaje, y en las flores de
los jardines tiemble aún el rocío de la mañana, canta, corazón mío, canta, y
que como una suave brisa de primavera sea tu canción.
Cuando
veas caer del jazminero sus pétalos purísimos confundiéndose con las mariposas
blancas que revolotean bajo la enramada, y sientas el castísimo perfume de las
rosas, canta, corazón mío, canta, y que tu canción se eleve hasta los cielos
como el humo sagrado del incienso.
Cuando
contemples, como en un incendio de oro, la salida del sol tras de los árboles,
canta, corazón mío, canta, y que tu canto sea como una flor de fuego que va
despetalizándose en fulgores.
Cuando
veas bajar a la luna hasta el borde del lago adormecido, canta, corazón mío,
canta, y con los hilos de plata teje tu maravillosa canción.
Mientras
haya una emoción intensa que haga vibrar tus fibras, canta, corazón mío, canta,
y ¡no importa que tu canto sea de dolor o de alegría!; él llegará hasta las
almas taciturnas, como un mensaje de amor o de consuelo.
¡Canta,
corazón mío, canta, mientras haya una emoción intensa que haga vibrar tus
fibras…!
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