jueves, 23 de abril de 2026

ALICE LARDÉ

 

 

 

¡Canta, corazón mío, canta!

  

Cuando silencioso y cubierto de neblina se despierte el boscaje, y en las flores de los jardines tiemble aún el rocío de la mañana, canta, corazón mío, canta, y que como una suave brisa de primavera sea tu canción.

Cuando veas caer del jazminero sus pétalos purísimos confundiéndose con las mariposas blancas que revolotean bajo la enramada, y sientas el castísimo perfume de las rosas, canta, corazón mío, canta, y que tu canción se eleve hasta los cielos como el humo sagrado del incienso.

Cuando contemples, como en un incendio de oro, la salida del sol tras de los árboles, canta, corazón mío, canta, y que tu canto sea como una flor de fuego que va despetalizándose en fulgores.

Cuando veas bajar a la luna hasta el borde del lago adormecido, canta, corazón mío, canta, y con los hilos de plata teje tu maravillosa canción.

Mientras haya una emoción intensa que haga vibrar tus fibras, canta, corazón mío, canta, y ¡no importa que tu canto sea de dolor o de alegría!; él llegará hasta las almas taciturnas, como un mensaje de amor o de consuelo.

¡Canta, corazón mío, canta, mientras haya una emoción intensa que haga vibrar tus fibras…!

 

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