Loas
a la luz del día
La
autoridad del sueño me llega en unas hojas amarillas.
Viene desnuda, pálida, delgada,
casi verdad no dicha
pero ágil.
Con palabras de piedra llena de ojos.
Haciendo voces.
Y el día se desviste, faisán de oro.
Hay demasiada memoria en el camino.
Demasiada memoria.
La sangre no se cansa de esta casa
que se quedó en la puerta.
Aquí,
las pálidas leyendas adquieren lucidez, color.
Aquí,
es donde se reúnen los más fieles espejos.
El egoísmo pierde su relieve
y el Escriba
saca de los augurios su palabra
y la deja pegada en la memoria.
Las hogueras del sol prenden el día
y con frutos extraños y vasijas
se alejan los últimos jirones de tinieblas.
Sale la iguana. Aparece la boa y la tortuga.
El jaguar pone manchas en el día.
El quetzal hace verde la mañana.
El venado se arisca.
Canta el aire en los pájaros.
El tiempo nos entrega otra caricia.
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