Sonrisa
helada
Ante la Royal,
mi máquina de escribir¹.
Parece
una enorme calavera. Sus encías descarnadas, sus dientes blancos, tan blancos,
como si fueran de fino marfil.
Parece
sonreír. Esa sonrisa se cambia en enorme carcajada. La caja sonora bajo la
presión de la mano chica y sabia parece desgranar una sonrisa graciosa, una
carcajada interminable…
¡Cuántas
veces esta misma carcajada acaba en un largo, en un interminable bostezo!
Si
la ciencia misma parece detenerse ante el símbolo: ¡La Muerte! ¡Una Calavera!
Caminos eternos que mientras más se andan nos dan una sensación de regresar al
principio, y de una desesperación infinita cuando contemplamos que la senda es
tan larga y escarpada…
Y en
el siglo de las velocidades, Ella, que abrevia el tiempo y el trabajo puesto
que tan breve es la vida —vida de ensueños contada por golpes de clepsidra—,
desde el silencio parece invitarnos a alegrar nuestro mutismo con la magia de
su sonrisa, con el lujo de su carcajada sonora… y dejar el bostezo de nuestra
peregrinación sobre la nitidez del papel.
Y
con sus teclas de fino cristal, rodeado de circulitos de reluciente metal, me
dan la sensación de pupilas quietas, inmóviles, que copian la misma visión: la
visión de mis manos, que, con mágico aletear de pájaros prisioneros, se
deslizan con voluptuosos estremecimientos.
Es
el mutismo de la boca férrea; es el quietismo de unas pupilas sin luz que
parecen mirar más allá de la vida.
1.-
La “Royal” es una marca de máquinas de escribir muy popular a principios del
siglo XX. Por la descripción tan detallada, sabemos que la autora se refiere a
la serie Nº 10, la cual ella compara, y es comparable en verdad, al aspecto de
una calavera.
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